Nos hemos trasladado

Los contenidos de este blog ahora se publican en
"el bolo de la paciencia"
http://jrlagunilla.blogspot.com/

lunes, 8 de diciembre de 2008

Fobia a la Educación para la Ciudadanía

¿Qué se esconde detrás de esta postura?
Por Ramiro Curieses Ruiz
Publicado en el diario quincenal CARRIÓN el 2 de junio de 2008
El artículo 27 de la Constitución regula todo lo concerniente a nuestra educación y en el punto 2 del mismo se dice que: “La educación tiene por objeto el pleno desarrollo de la personalidad y este desarrollo debe conseguirse en el respeto a los principios democráticos de convivencia y los derechos y libertades fundamentales”. Es por tanto un mandato constitucional el que el Estado a través de sus representantes legales, es decir, a través del gobierno elegido democráticamente, procure una formación y una educación en estos principios. Bastaría y seria suficiente esta razón para apoyar sin ningún tipo de cortapisa la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía, (y de ahora en adelante EpC) ya que todos los que nos consideramos demócratas aspiramos a un pleno desarrollo de nuestra personalidad en los principios considerados fundamentales para convivir y para conseguir cuotas de libertad lo más altas posibles.
La libertad, según expresa Antonio Fraguas, consiste en luchar todos los días por una sociedad más justa, más solidaria y más feliz. Esto puede parecernos una utopía, algo inalcanzable, un deseo de casi todos, algo irreal, deseado, pero no por ello imposible. Mientras haya un solo ser humano sin libertad, es probable que no lo seamos ninguno de nosotros. Esta es la segunda gran razón por la que uno apuesta por una asignatura (EpC), que se pretende introducir en el sistema educativo para formarnos en valores cívicos, es decir, en valores que nos hagan más libres y responsables. El concebir la libertad como algo pre-programado, como algo que viene en nuestro equipamiento biológico, es reducirla a su mínima expresión, de ahí que no comprenda como determinados grupos y sectores sociales, entre otros, la Conferencia Episcopal Española, (y de ahora en adelante CEE) pretenden hacer de la libertad algo tan manipulable y reductible que puede ser puesto en peligro por una asignatura de una hora de duración semanal. Estamos todos de acuerdo, que solo una concepción minimalista de lo que es la Libertad, o una gran capacidad y poder para el adoctrinamiento, puede ser conspiradora de arrebatar cotas de libertad a las personas.
Los seres humanos somos capaces de inhibir respuestas que el medio nos sugiere, es decir, somos capaces de sentir odio y no por ello maltratar a quien nos lo inspira, podemos sentir hambre y tener comida a nuestro alcance y no comer, o posponer la comida para más tarde, pues bien, esta es la primera gran dimensión de la libertad humana. Nosotros los humanos somos seres que nos hemos liberado de la dominación de los estímulos, de la tiranía del medio, puesto que estos no nos imponen un comportamiento, ya que uno puede elegir una de entre todas las posibilidades que se le ofrecen. Esto supone analizar, deliberar y por último elegir. Esta es la tercera gran razón para apoyar la asignatura de EpC, ya que entre sus contenidos figuran los que hacen referencia a libertad y responsabilidad, a la dimensión más importante de la Libertad, que no es otra que la de hacernos personas más responsables en nuestras decisiones. ¿Cómo es posible que una asignatura que tiene tan buen propósito no sea comprendida por la CEE? ¿No seria la Iglesia Católica la que debiera liderar un movimiento de Educación para la Ciudadanía y Derechos Humanos? ¿No será que quieren quedar excluidos de esta noble tarea por alguna razón que no conviene explicar a los fieles y que tiene que ver con seguir formando moralmente a las generaciones futuras desde una posición de privilegio y dogmática?
Entender que la impartición de la asignatura de EpC y los Derechos Humanos es una confrontación entre catolicismo y laicismo, es como equiparar la libertad al vuelo de las aves. La Democracia está, y sino es as’ debe ser una aspiración, por encima del relativismo moral que algunos creen que defiende. La Democracia debe conseguir ciudadanos libres, responsables, solidarios, respetuosos, tolerantes con lo diferente, defensores de la paz, comprometidos con los valores ambientales, participativos, sociales, etc. y todo ello a través de sus poderes públicos. Puede ser que formar personas en estos principios sea formarlos moralmente, pero estaríamos todos de acuerdo, o al menos los que nos consideramos sensatos, que sería una educación positiva, necesaria, deseable, precisa e inexcusable. Esta sería la cuarta gran razón para apostar por una asignatura que pretende educar en esos principios, tan necesarios como imprescindibles para nuestra sociedad democrática. Lo que uno ya no comprende ni comparte con la CEE, ni con determinados grupos políticos, entre ellos el PP, es que se quiera ver un peligro y un riesgo en esta asignatura. Entre otras razones, cuestionan la capacidad del Estado para establecer de forma obligatoria esta asignatura, porque a su juicio implica convicciones religiosas y morales que afectan a un derecho fundamental como es el de los padres a que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que está de acuerdo con sus propias convicciones. Según la CEE y el PP (interesante coincidencia), la asignatura contiene aspectos que interfieren negativamente y amenazan este derecho fundamental, y por ello, dan un paso, hasta ahora desconocido en nuestro sistema educativo, como es el de plantearse la objeción de conciencia para rechazar esta asignatura. Quizás algún día se pueda objetar también de otras disciplinas como la Biología, por ejemplo, por abordar el origen del hombre desde una perspectiva evolucionista y no reveladora como se recoge en la Biblia, o de la Física, por exponer el origen del mundo desde una explicación científica y no tal como aparece en el Génesis.
Quizás detrás de estas posturas se escondan posturas maniqueas, simplistas y dogmáticas, que lo que desean es administrar certezas y principios morales absolutos que deben ser asumidas por toda la sociedad, en ese caso s’, sean o no miembros de su iglesia o su doctrina ideológica.
Para mi, que soy un educador, existen razones democráticas de interés social, público, para que se imparta la asignatura de EpC, y me gustaría que también hubiera razones de tipo religiosas y confesionales para que as’ fuera, ya que educar en valores cívicos, en hacer a las personas más tolerantes, solidarias, responsables, libres, respetuosas, justas, etc., es un fin que desde ninguna ética debiéramos renunciar.
Hay determinados sectores sociales que piensan que la posibilidad que ofrece nuestro país de permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo, el apoyo a la ideología de género, la ley de divorcio exprés, la ley del aborto, la producción de seres humanos con fines de investigación, la asignatura de EpC, por otra parte legítimamente aprobadas por nuestros representantes en el parlamento, no son más que el triunfo del ateísmo y del relativismo moral, fruto de una sociedad enferma y debilitada que necesita de nuevos salvadores para recuperar la senda perdida. Esta es la quinta gran razón para apuntalar la asignatura de EpC, y no es otra que la de procurar educar ciudadanos soberanos de su propia existencia, ciudadanos dignos que promuevan valores excelentes como la piedad y la compasión , ciudadanos que sepan interpretar los designios humanos y no divinos, ciudadanos que aunque no piensen y profesen las ideas que uno expone, sean reconocidos como personas de moralidad, ciudadanos que sean respetuosos con todas las personas, aunque no compartan sus opiniones, ciudadanos que sean capaces de respetar las leyes aprobadas por parlamentos legítimamente elegidos, ciudadanos libres de optar por aquello que consideren más humano para uno y para los demás, ciudadanos en definitiva con voluntad individual pero con razón y corazón social.
Creo que está suficientemente demostrado que el hombre es un ser social, el hombre es el único entre los animales que posee el don del lenguaje. Tenemos capacidad para diferenciar lo justo de lo injusto, lo legal de lo ilegal, pero es que además es nuestra comunidad, la sociedad, la que establece las cualidades morales que debemos poseer, ya que como indicaba, somos seres que vivimos en sociedad, y por tanto, esta deberá decir qué tipo de ciudadanos quiere formar para vivir en equilibrio y en armonía. Tengo claro que el hombre se está perfeccionando, creciendo, hasta su muerte, de ah’ que considere que la EpC debiera ser una asignatura que no solo ocupara una parte ridícula de nuestro curriculum escolar, sino que debiera impartirse como algo permanente, continuo, por que las sociedades cambian y hemos de adaptarnos a ellas si realmente queremos transformarlas para mejorarlas. Esta es la sexta gran razón para apoyar una asignatura que aunque no nos diga qué es el bien absoluto, la ley absoluta, si nos explique con claridad qué es lo inhumano y lo que no debiéramos permitir que ocurriera nunca. Se crece de verdad solo en un clima de libertad, democracia y cultura que haga a las personas más humanas, más ciudadanas en su sentido más amplio.

2 comentarios:

Benigno F. dijo...

Muy bueno. Estoy totalmente de acuerdo con este artículo. Cuando lo lei en Carrión, me pareció estupendo, pero he comprobado que con el tiempo y los acuntecimientos que se están dando, mejora y mantiene su actualidad.
Espero vuestras aportaciones.

Daniel dijo...

Me ha gustado mucho el blog, que he visitado por casualidad. Prometo leeros habitualmente, y espero que se hagan aportaciones interesantes.